El día que las flores estuvieron quietas.
El día que las flores estuvieron quietas.
Fue súper extraño ver que el día anterior Fernando vio caer la
noche de repente, así, sin preámbulo, normalmente el tenía su cámara
réflex configurada siempre para disparar al ocaso, en los instantes precisos.
Pero fue tan súbito que la noche lo abofeteo así nomas.
Sin embargo, el intentó esa noche pensar en algo que
escribir y como de costumbre, nada llegaba a el. Solo observó por pequeños
instantes y cerró la persiana, pues no quería ni presenciar ni ser partícipe de
esa noche tan nula y perdida, y grosera, incluso egoísta pues ni siquiera tuvo
el valor de avisarle su llegada.
La luz de la mañana también fue grosera y abrupta en
llegar, pero era quizás mas soportable el hecho de saber que sería un nuevo
comienzo. Albergar al menos la idea de que todo podría surgir de nuevo. Fue un
estúpido al no preparar su cámara y hacerse a la idea de que podía ser un
momento único, pero no se preocupó mas por ello.
De repente un silencio sepulcral lo invadió, pero
éste le habló y Fernando observó detenidamente el día que se abría delante sus
ojos, incluso los pájaros estaban en silencio, los autos que de costumbre
pasaban por las mañanas tampoco hacían presencia; mucho mejor, pensó en ese instante.
Fue como si de improvisto el sol tomara el control total de la tierra y se
balanceara sobre ella sin permiso. En algún momento sin lugar a duda Fernando
dedujo que a lo mejor sería todo ello un regalo de la noche anterior, esa a la
que el despreció sin percatarse quizás que preparar un día también conlleva un
arduo trabajo, y además el no estuvo allí para corroborarlo, mas sin embargo
simplemente estaba, mas que el amanecer, un día con una belleza tan sublime e
innovadora.
De algo si que se percató Fernando fue de la quietud de
las flores, y de como a simples metros los arboles que se codeaban unos de
otros y los arbustos que compartían espacio suficiente para destacar entre si,
desplegaban sus flores blancas, sus diminutas hojitas verdes llenas de vida que
eran finalmente el anuncio de un esplendor que se avecinaba y que le hizo
comprender a Fernando, que ese era el comienzo de algo grande por venir. Así
como si despertara de un sueño eterno, vio que las flores comenzaban a moverse
lentamente y un poco abruptamente, pero llevadero, sus oídos captaron ahora si
el lenguaje de las aves que siempre estuvieron allí.
Saul Vega.
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